Madre elevada a la gloria del cielo,
hoy contemplamos tu vida plenamente unida a Dios.
Ruega por nosotros, peregrinos aún en camino,
que anhelamos la plenitud prometida.
Desata el nudo de la desesperanza,
de la mirada demasiado terrena y del olvido del cielo.
Recuérdanos que nuestra historia tiene destino eterno,
y que quien camina con Dios nunca camina hacia la nada.
María Desatadora de Nudos, ruega por nosotros.