Madre venerada desde los primeros siglos,
hoy celebramos tu presencia viva en la Iglesia.
Ruega por quienes buscan refugio bajo tu amparo
y necesitan experimentar tu cercanía.
Desata el nudo de la frialdad espiritual,
de la distancia con Dios y del olvido de la oración.
Haz de nuestro corazón una casa abierta para el Señor,
donde Él pueda habitar y transformar todo.
María Desatadora de Nudos, ruega por nosotros.