Santa María, tú que acogiste cada día con gratitud, ayúdanos a no perder la mirada agradecida.
Tú que viste a Dios en cada gesto cotidiano desata el nudo de la queja permanente, del descontento estéril, del corazón que sólo ve lo que falta.
Y enséñanos a reconocer las huellas de Dios en todo.
María Desatadora de Nudos, ruega por nosotros.