Santa María, tú que acompañaste a tantos santos en sus caminos de entrega, quédate también con nosotros.
Tú que eres Reina de todos los consagrados desata el nudo del miedo a la santidad, de la mediocridad espiritual, de la vida que no se arriesga.
Y haznos valientes para amar como Jesús.
María Desatadora de Nudos, ruega por nosotros.