Santa María, tú que supiste confiar incluso en medio de lo que no entendías, danos un corazón sencillo.
Tú que hiciste de la fe tu descanso desata el nudo de la razón que no se abre, del orgullo que se resiste, del alma que teme confiar.
Y llévanos al abandono confiado en las manos del Padre.
María Desatadora de Nudos, ruega por nosotros.